TAROT, CULTURA Y SENTIDO COMÚN

31 de octubre de 2017

Halloween: una fiesta sin profundidad ni identidad.



Con el revuelo que causa la cercanía de una fecha tan ultra comercial como es Halloween quise escribir este artículo para opinar sobre lo que me parece este refrito de tradiciones celtas mezcladas con cristianismo aderezado con americanismo puro y duro.

Si miro hacia atrás puedo confirmar que lo que hoy se celebra como Halloween prácticamente no existía, lo que había eran restos de un festejo que anunciaba el final del verano y otro que buscaba recordar a los muertos y que incentivaba las visitas a los cementerios para ir a dejar flores a los familiares o amigos que ya no están pero eso lentamente empezó a mutar a la historia de las calabazas y el famoso truco o trato en donde los niños salen disfrazados de casa para ir a pedir dulces a sus vecinos. En la versión más hardcore de esta costumbre se suelen tirar huevos a las casas de los vecinos tacaños como castigo por no haber dado chuches a los tiernos angelitos. Yo mismo una vez me vi afectado por estos ataques un día que por pereza no me apetecía abrir la puerta a altas horas de la noche y me negué a salir en pijama a regalar dulces lo que produjo que al otro día apareciera estampado un huevo en una de mis ventanas, horroroso momento en que juré que al próximo que volviese a pedirme dulces le pondría una calabaza de sombrero. 

Con el tiempo me percaté que el tema de la petición de dulces también se calmaba, seguramente porque más de un lío se montó con los vecinos ya sea porque niños disfrazados de zombies les golpeaban la puerta a horas intempestivas o porque alguien reclamó por un ataque de huevos. Entonces los padres de los pequeños dráculas decidieron salir con ellos por las calles para tratar así de controlar el desmadre que se producía sin supervisión. Luego, seguramente por cansancio los padres y niños ya no salían mucho y lo que se llevaba era hacer fiestas privadas en casa de algún vecino en donde se reunía a todos, adultos y niños, para celebrar esta curiosa fiesta. Gran idea, pensé yo, porque así dejan de incordiar a los vecinos y encierran a todos los pequeños zombies en un solo sitio. A final de cuentas, si va haber desmadre que lo haya en un solo lugar.

Sea como sea y describiendo la progresión que he visto de esta fiesta no dejo de pensar en lo ridículo que es ver a padres acompañando a sus hijos incentivando además ideas místicas que dudo les sean de utilidad. Leyendas sobre muertos que resucitan, extrañas supersticiones para mejorar la suerte o peticiones cutres a espíritus no ayudan mucho a lo que creo debe ser la enseñanza de un escepticismo sano y necesario. Luego más de alguno dirá que soy un amargado que intenta quitarle a los niños un momento de sana imaginación y diversión pero lo que yo he podido confirmar es que luego esos niños se transforman en adultos con miedos e inseguridades que creen que si no encienden una vela el día 31 de Octubre se abrirá un portal a otra dimensión de donde saldrá una zarpa para llevarlos al otro lado. Y no todos los casos son tan exagerados pero incluso en un nivel más sutil se genera cierta confusión en los niños que empiezan a no distinguir con claridad el concepto de vida y muerte.

Entonces y aunque me digan que soy demasiado severo, con la parrafada que me he mandado antes lo que quería explicar es que no celebro Halloween porque me parece una chorrada, un refrito de creencias pasadas por la lavadora que incentiva un aspecto supersticioso que no me parece muy constructivo y porque no puedo evitar pensar que es una fiesta de borregos que en ningún momento se han parado a pensar en si es útil o no. En lo que sí estoy completamente de acuerdo es que es una excelente oportunidad comercial para vender máscaras, chuches y rituales para mejorar supuestamente la suerte. Incluso es un momento ideal para hacer fiestas temáticas y divertirse, entendiendo eso sí, que en aquello no hay más profundidad que en una fiesta cualquiera y sin disfraces. 

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