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29 de noviembre de 2017

¿Por qué las personas buscan a un tarotista?

Tarotistas y consultantes


He estado recordando la satisfacción que sentí al escribir las entradas de este blog en donde explicaba el funcionamiento del tarot desde una perspectiva basada en las ciencias cognitivas que proponen y confirman que todos los seres humanos tenemos una capacidad analítica-predictiva basada en lo que comúnmente se conoce como Teoría de la Mente. En su momento todo aquello fue un gran descubrimiento para mi ya que por fin encontraba respuestas lógicas y demostrables que me alejaban de un ámbito supersticioso en el que nunca he creído mucho. Confirmaba también que esa faceta predictiva que siempre ha atraído al ser humano no era una quimera sino algo que se podía explicar sin necesidad de rechazarla o encasillarla en pura charlatanería.

Una vez que encontré la respuesta al funcionamiento de las artes predictivas que abundan en el ámbito esotérico me enfrenté a una nueva pregunta: si todos los seres humanos tienen capacidades predictivas o de anticipación ¿porque algunos van detrás de otros para que les digan lo que sucederá más adelante? ¿No se supone que todos podemos predecir lo que nos sucederá sin necesidad de preguntarle a nadie más? ¿Qué sentido tiene la existencia de los tarotistas?

La respuesta no demoró mucho en llegar a mi cabeza. Las personas que buscan a un tarotista para que este les haga un análisis y predicción de sus vidas no lo hacen porque no tengan Teoría de la Mente sino porque la tienen pero no lo suficientemente desarrollada para darse a sí mismos las respuestas. En otros casos son los propios miedos e inseguridades los que impiden ver con objetividad el resultado futuro de las cosas que se están experimentando. Literalmente nos cuesta dar veredictos sobre nosotros mismos porque no somos imparciales y estamos dominados por emociones que podrían nublar fácilmente nuestro juicio y hacernos entregar resultados viciados. Ahí es en donde aparece entonces la figura del tarotista como un personaje neutro y ajeno a los dilemas del consultante, que analizará las variables existentes para luego como una calculadora humana entregar los resultados futuros de forma transparente y sin distorsión. Porque a final de cuentas el gran plus que tiene el tarotista es que no tiene conexión alguna con el consultante y es eso lo que le reviste de una impecable objetividad a la hora de definir lo que está pasando y lo que sucederá.

Ahora bien, uno podría pensar que la labor del tarotista podría ser igual a la de cualquier amigo que con un poco de objetividad puede predecir lo que le sucederá a los demás pero aquí la gran diferencia que existe entre el amigo y un tarotista es que este último usa constantemente su Teoría de la Mente lo que le da cierta ventaja para exponer de forma mucho más completa los detalles de una predicción porque tiene esta cualidad mucho más entrenada. Eso, considerando además que el amigo por más objetivo que trate de ser también estará un pelín condicionado por sus emociones que, en la mayoría de los casos, podrían comprometer su visión y perspectiva de los demás. 

La clave entonces es la objetividad. Buscamos referentes neutros para que ellos nos puedan mostrar aquellos matices  de nuestra vida que producto de la imparcialidad no somos capaces de ver impidiendonos calcular el resultado de los sucesos, especialmente aquellos en donde nuestra voluntad y decisión juegan un papel fundamental. Buscamos la figura de un árbitro que observe por un momento nuestra vida y nos de aquel veredicto escurridizo que nos cuesta tanto atrapar con nuestras manos.

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