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25 de noviembre de 2017

Stranger Things: Segunda Temporada || Reseña.




No vi la segunda temporada de Stranger Things del tirón como muchos de mis amigos ya lo habían hecho. Yo fuí lento y a conciencia para masticar y digerir poco a poco el contenido de los nueve capítulos que la conforman. El sabor final que me queda es dulce aunque con pequeñas trazas de algo que quiero pensar no es relleno. El ritmo de la serie se parece bastante al de la primera en donde en los primeros capítulos se empieza a dibujar el guión o la línea de sucesos siguientes que empiezan a coger fuerza por ahí por el capítulo número cinco. Luego, cuando ya tenemos a todos los personajes en sus posiciones y reconocemos las caras nuevas nos echan encima todo el material pendiente quedando claro que esta temporada es más oscura y densa que la primera.

Supongo que los creadores de la serie, los Hermanos Duffer, han decidido dar el paso hacia la oscuridad para no caer en la fórmula evidente que hubiera sido el seguir regodeándose en el buen rollo de sus protagonistas. Así en vez de tomar la ruta más fácil han decidido explorar lo que pasaría con el público si en lugar de mostrar a la piña de chavalines simpáticos luchando contra cosas misteriosas muestran una tensión y un horror que en la primera temporada apenas pudimos sentir. Ahora hay menos risas y más sangre, así mismo más tensión y emociones que a más de alguno le harán extrañar la ternura silenciosa de Once o los vibrantes chistes de los protagonistas. Es que no todo puede ser siempre igual, oye. Eso lo tenéis que entender porque sino sería como pedirle a Metallica que siempre toque la misma y única canción en sus conciertos. Que sí, que eso sería la bomba para sus fans recalcitrantes pero no lo mejor para la creatividad y capacidad de los integrantes de la banda que vivirían prisioneros de los gustos de sus delirantes seguidores. Hay que dejar espacio para la creatividad y experimentación, incluso si eso significa meter la pata o desviarse momentáneamente por sitios que en realidad no llevan a nada.

Así mismo creo que Stranger Things ha decidido explorar, ver qué pasa si no se obedece completamente a los fans. Presentar protagonistas nuevos, desdibujar los perfiles de algunos personajes conocidos, dejarle crecer el pelo a Once y separar un poco a los chavales que juntos son la hostia. Se siente entonces cierta irregularidad como si una mano invisible estuviera moviendo de forma aleatoria fichas en un tablero de ajedrez preparando un jaque mate que no tiene pinta de llegar aún. Percibimos la experimentación y luego en los últimos capítulos nos llueven un montón de guiños a la primera temporada y a todo aquello por lo que los fans babean. Y ya en los descuentos aparece una escena que deja el camino abierto para una tercera temporada en donde, pienso yo, se deberían explicar algunos cabos sueltos que se arrastran incluso de la primera temporada.

Resumiendo: queda un sabor a triunfo y la añoranza de más capítulos que permitan olvidar ese infame Capítulo 7 que todavía me estoy preguntando que aporta a la serie. Luego recuerdo que los Hermanos Duffer están explorando y me tranquilizo, esperando un  in crescendo que ya se huele después del cierre de esta temporada que pese a sus baches sigue conservando la magia de la primera vez. Perdono también los desperfectos producto del proceso creativo, esperando que lo que venga sea una obra independiente y dueña de sí misma que no se esclavice por la petición de sus fans más zumbados que solo quieren ver el buen rollo de los protagonistas.


Ver la serie AQUÍ.

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