TAROT, CULTURA Y SENTIDO COMÚN

10 de enero de 2018

Cuando la voz de los dioses es tu propia voz.




“¡Oh! Qué mundo de visiones ocultas y silencios tangibles, el país insustancial de la mente. El teatro secreto de un monólogo sin habla, la mansión invisible de todos los humores, elucubraciones y misterios, una comarca entera en la que cada uno de nosotros reina en reclusión y soledad. Esta conciencia, que soy yo, que es todo y a la vez no es nada. ¿Qué es? ¿Y de dónde viene? ¿Y por qué?”



En 1976 el psicólogo Julian Jaynes presentó la Teoría de la Mente Bicameral, que insinuaba que hace 3.000 años atrás el ser humano había tenido sus hemisferios cerebrales desconectados. Esto producía que la información que se enviaba de un hemisferio al otro no fuera reconocida como propia. Entonces, al no identificar esas voces internas como parte de su proceso psíquico, las adjudicaba a agentes externos como espíritus o dioses determinados por las creencias de su contexto cultural. 


En palabras simples, lo que Jaynes dijo es que hace tres mil años el ser humano era un esquizofrénico empujado por alucinaciones. Y como era de esperar, esta teoría causó gran impacto, cosechando a su paso personas que la apoyaban y detractores que acusaban al psicólogo de no tener pruebas empíricas de lo que decía. Hasta el día de hoy esta hipótesis sigue produciendo división entre especialistas y no está completamente asentada en el ámbito científico.


LA TEORIA DE LA MENTE BICAMERAL REFORMULADA


A pesar de que Jaynes no pudo demostrar completamente su planteamiento, con el tiempo aparecieron personas que dieron una nueva interpretación a sus ideas. Algunas de ellas explicaron que la desconexión mencionada en la Teoría de la Mente Bicameral se debía a cambios en el proceso de aprendizaje y por tanto era algo que sucedía a nivel mental y no físico. 


El ser humano evoluciona y va absorbiendo cada vez más información, lo que le permite explicarse a sí mismo y darse cuenta que dentro suyo hay un diálogo interno que no es más que su propio proceso mental. En ese punto se produce una integración pero al mismo tiempo una separación entre lo imaginado y aquello que es real, relegando la figura de los dioses parlanchines a un mero reducto cultural herencia de nuestros antepasados más primitivos.

La idea reformulada de la mente bicameral tiene más contundencia entonces, porque sitúa el desarrollo de la consciencia en el aprendizaje constante que podemos verificar en nosotros mismos. Al ver cómo adjudicamos posibles explicaciones a lo que no entendemos para luego, una vez pillado el truco, desechar todas aquellas ideas caducas frente al mecanismo desvelado. De la misma forma en que el misterio de las voces divinas desaparece, cuando entendemos que es algo que sucede dentro nuestro.




TEORÍA DE LA MENTE BICAMERAL Y WESTWORLD


Toda esta historia la pongo sobre la mesa a propósito de un interesante artículo que leí sobre la serie de televisión Westworld (HBO). En ella se plantea el despertar consciente de unos robots que viven a merced de la manipulación de sus creadores, en un parque temático destinado a entretener a ricos. En una escena de la serie se menciona la Teoría de la Mente Bicameral, para describir la forma en que fue concebida la inteligencia de los robots. Y esa mención trajo luego un extenso debate y artículos referidos al tema de la conciencia, abriendo el viejo debate sobre su origen.

Sea como sea, lo que extraigo de todo esto es la importancia que tiene en nuestro aprendizaje el descubrir los trucos que hay detrás de las cosas que percibimos. Siendo evidente que la visión de nosotros mismos se limita o expande según el interés y esfuerzo que hagamos por develar nuestros procesos psíquicos. Por lo mismo, conformarnos con la primera explicación de las cosas nos transformaría en los robots de Westworld, que encerrados en un parque temático de autómatas viven en torno a creencias erróneas.

Llegado este punto nos podemos hacer algunas preguntas ¿cuántas ideas que uso actualmente son hechos empíricamente demostrados y cuántas de ellas son mera creencia y suposición? ¿en qué etapa de mi desarrollo consciente estoy? ¿en la que lo que me sucede es producto de agentes externos, dioses y espíritus o aquella en donde yo soy capaz de oír y reconocer mis propios diálogos internos?


NOTA

El fragmento inicial de este artículo (entrecomillado) pertenece al libro de Julian Jaynes llamado “El Origen de la conciencia en la ruptura de la Mente Bicameral” (1976). El resto del texto es de mi autoría.





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