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19 de agosto de 2018

La belleza no garantiza éxito amoroso



Efectivamente, el título de este artículo parece algo obvio pero no me he podido resistir a la tentación de escribir sobre esto después de recordar algunas lecturas que he hecho a consultantes que parecían salidos de un catálogo de moda.


El hecho de ver a personas de rostros perfectos y cuerpos apolineos con penas de amor, agobios e inseguridades sobre su físico es un baño de realidad para muchos que siendo normalitos, se quiebran la cabeza por cosas que creen sólo les ocurren a ellos. 

¿SUFRIMIENTO DE BELLOS, CONSUELO DE FEOS?


Sería cruel decir que los menos bonitos se alegran de la tristeza de los guapos, pero estoy casi seguro que existe cierto alivio de los primeros al darse cuenta que el dolor es algo transversal que no sólo toca a los menos agraciados de rostro y cuerpo.


Atender a un tío que es más guapo que Brad Pitt o a una mujer que tiene más presencia que Sharon Stone y verlos en esa tesitura emocional sensible y frágil activa de manera automática mi compasión y respeto. Cómo si de repente viera a un ángel llorar. Es algo tan sorprendente como profundo.

Con esto no quiero decir que ver llorar a alguien menos agraciado valga menos o no me importe. Vale lo mismo, pero en el caso de la gente rabiosamente guapa la escena suele contrastar aún más. Esto, porque hay algo dentro de uno que no comprende como alguien que parece prácticamente perfecto, con un ADN impoluto puede estar pasándolo mal en el ámbito emocional.

NADA NOS SALVA DE SUFRIR POR AMOR


La reflexión siguiente deriva en el típico pensamiento de que la belleza, el estatus o todo el dinero que podamos tener no nos garantiza un corazón sano y libre de heridas de amor. Ya puedes ser George Clooney o Irina Shayk, pero si te toca pasar un mal rato sentimental, eso no te lo va a quitar ni tu buena presencia ni el montón de pretendientes que tengas detrás.

Obviamente, a nadie le hace gracia sufrir por amor o pasar por transiciones dolorosas pero parece necesario recalcar que eso le puede suceder a cualquiera. El dolor no conoce de clases sociales ni de rostros y cuerpos bellos. Se presenta así sin más. De forma sorpresiva o como la consecuencia de varios sucesos concatenados.

Entonces, cuando yo como tarotista me enfrento a estas situaciones colaboro e intento mostrar un camino con las consiguientes posibilidades. Pero en el camino me sorprendo como un niño. Porque a pesar de haber leído las cartas a un montón de personas en mi vida, me sigue impactando la naturaleza aleatoria del dolor y las lágrimas de los ángeles.

De repente aparece La Torre en la vida de una persona y no queda más que salvar la situación o intentar reconstruir lo que emocionalmente se ha desmoronado. Más allá de la belleza o la fealdad, lo que hay es un corazón igual a todos los demás.

Miguel Bosé deja las cosas bastante claras en su canción "No hay ni un corazón que valga la pena".

No hay ni un corazón que valga la pena

Y uno solo que no venga herido de guerra

Puedes ver el vídeo AQUÍ.





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