TAROT, CULTURA Y SENTIDO COMÚN

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13 de diciembre de 2019

Acertar en lo bueno y fallar en lo malo

 

Es probable que yo no haya sido el primer tarotista o vidente en decir que prefería fallar en las cosas malas y acertar en las cosas buenas. Pero lo cierto es que esa actitud solidaria siempre me ha parecido acertada, tanto para personas que nos dedicamos a esto desde una perspectiva predictiva así como también para aquellos que lo hacen desde un aspecto terapéutico.

Cuando un tarotista o vidente dice que prefiere fallar en las cosas malas, no está expresando inseguridad respecto a lo que hace. Lo único que hace es solidarizar y expresar un deseo legítimo de bienestar para aquellos a quienes atiende, más allá del ego que le puede llevar al deseo obsesivo de la perfección en las predicciones o visiones que acompañan a las cartas. 

QUE YO DESEE TU BIENESTAR NO SIGNIFICA QUE ME RINDA AL FALLO


Otra de las actitudes que me parece positiva para tarotistas y videntes es que pese a la posibilidad de haber fallos en sus visiones o predicciones, exista al mismo tiempo una resistencia al fallo. Es decir, una pizca de orgullo legítimo aunque no exagerada, que nos haga esforzarnos por mejorar nuestra forma de ver al otro e interpretar las cartas, para así reducir al mínimo el número de fallos. 

No creer que los fallos son algo inevitable. Buscar siempre la perfección.

En lo personal, cuando tengo algún fallo, siempre me retrotraigo y recuerdo las cartas que miré y las cosas que pensé cuando tuve al consultante delante de mi o cuando hablé con él por correo o por teléfono. Mi mente no descansa y busca algún sesgo, algo que se haya perdido en el camino y que me hubiera ayudado a ser mucho más preciso en mi interpretación y veredicto sobre un asunto.

A veces, puede ser porque la pregunta no fue clara ni precisa o también porque entendí de manera incorrecta la pregunta del consultante.

En muchos casos, y esto lo he aprendido con la experiencia, la mayoría de fallos provienen de confusiones al inicio de la consulta. Errores de comunicación entre el consultante y yo.

Pero también hay fallos que no tienen justificación alguna. Momentos en donde me decanté por algo positivo que resultó no serlo, seguramente porque se filtró un optimismo excesivo en donde había que ser extremadamente frío y objetivo.

A NINGÚN TAROTISTA O VIDENTE LE GUSTA VER COSAS MALAS


Es evidente que a ningún tarotista o vidente le gusta ver o leer cosas malas. Pero las cosas malas están allí afuera en el mundo y no se pueden negar.

Un divorcio a la vuelta de la esquina, la pérdida de un trabajo, una amistad rota o las mentiras de una familia. Eso y tantos escenarios incómodos que por más que se traten de tapar, siguen allí. Como una herida o cicatriz destinada a no desaparecer.

Es en este tipo de situaciones en donde la entereza del tarotista o vidente radica por sobre todo en mantener la objetividad. 

No sentir pena, culpa ni miedo a decir lo que se ve o prevé. Decir la verdad es algo esencial, aunque siempre nos persiga ese sentimiento solidario que se expresa en la frase: acertar en lo bueno y fallar en lo malo.

Una frase que forma parte de mi labor y que hago mía, por puro sentido común y porque más allá de mi labor de tarotista frío y objetivo, tengo también sentimientos como cualquier ser humano. 

Esa es mi dualidad. La eterna búsqueda de la perfección pero al mismo tiempo la solidaridad que me lleva a pensar que, a veces y solo a veces, es preferible fallar a obtener una victoria sangrienta, en donde el otro sufre.


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