El bombardeo de Cáceres en una visión



Cada cierto tiempo, especialmente cuando estoy más abierto a ver cosas más allá, hago ejercicios con lugares físicos para saber si puedo sentir o ver algo de su historia. Uno de los últimos ocurrió en una zona de Cáceres, la ciudad donde vivo.

Le digo a mi mujer: llévame a algún sitio en donde haya pasado algo que yo no sepa y veamos si puedo adivinar lo que allí pasó. Algo con lo que estaba especialmente animado, después de ver una película llamada Doctor Sueño, adaptación de una Novela de Stephen King y que es, además, la secuela de el Resplandor de Stanley Kubrick.

Por extraño que parezca, sentía que debía hacer lo que Danny Torrance (uno de los protagonistas) sugería en Doctor Sueño: Resplandecer. Algo que en la historia de El Resplandor, refiere a una capacidad de percibir y hacer cosas que van más allá de la lógica y lo racional.





El escéptico versus el explorador



Para variar, yo me sentía un poco pesimista. Algo muy habitual en mí. Pensé que si mi mujer sabía lo que había pasado allí y yo no, lo más probable es que terminaría hablando de cosas sin sentido. Que diría alguna chorrada  o yo que sé. No me sentía nada confiado. Algo que, por supuesto, no me sorprende.

Siempre he tenido un lado muy escéptico conmigo mismo. No creo ver más de lo que podría ver una persona normal y me cuido muchísimo de no creerme un iluminado de estos que aparecen televisión o en medios de difusión que detesto.

Aun así, me sentía entusiasmado por hacer el experimento, aunque sabía que, en el peor de los casos, podía ocurrir que no viera absolutamente nada. Esta dualidad la experimento como una competencia entre dos aspectos de mi mente: uno que no cree ni en su madre y otro que parece tener un pie en el más allá.



El sitio y la experiencia




Habiendo acordado el día del experimento, nos dirigimos al sitio seleccionado por mi mujer en la fecha señalada. Un domingo soleado y agradable.

Yo, como los niños, preguntando todo el rato hacia donde íbamos y ella, muy intrigante, sin querer dar ninguna pista.

De repente, nos vamos acercando a una zona del casco antiguo que está más allá de la Plaza Mayor y que coincide con la ruta que uno debe hacer para llegar a la conocida zona de San Blas. Un sitio característico por sus calles irregulares y con adoquines, con edificios antiguos como el Palacio de Godoy y Plaza de Santiago, con su respectiva iglesia.

En cuánto cruzamos la Plaza del Duque de Abrantes se me viene a la cabeza la visión de una prisión en un edificio que tenemos delante y veo el casco verde de un militar. Se lo comento a mi mujer y ella no dice nada, mientras seguimos caminando. Nos acercamos a la Plaza de la Audiencia, giramos hacia la izquierda y cogemos la calle Luis Grande Baudesson.

Aquí la cosa se pone más intensa. En cuánto cruzamos el arco que hay en esa calle empiezo a ver muchos militares, caballos y gente yendo de aquí para allá como si hubiera un centro logístico o cuartel. Un sitio en donde los militares estaban haciendo algo y moviendo a personas de un lado a otro. Me llama mucho la atención que no veo prácticamente a civiles. Todos son militares.

Giramos a la izquierda y entramos a la Calle Nidos y al comenzar a andar por ella veo en una de las casas a una mujer, con los brazos abiertos y en una actitud muy dramática. No entendía bien si le habían arrebatado algo o había perdido algo, pero la sensación que me daba era de mucha tristeza y desolación. La veo desde una ventana mirando hacia la calle.

Es importante añadir que cuando digo “veo”, me refiero a que veo una imagen que parece estar superpuesta a la realidad.

Luego, comienzo a ver una estampida de gente que sale a toda prisa de las casas en dirección hacia la Calle de Sancti Spíritus.

Estas personas que veo también aparecen superpuestas a la realidad. Como si, literalmente, estuviera viendo dos escenas distintas en el mismo sitio. Una en tiempo real, con una calle en donde no había nadie más que nosotros y otra, con una calle en donde veía a un montón de gente huyendo de algo que parecía haber sorprendido a todos.

Le digo a mi mujer que he visto a la señora con actitud dramática y que veo muchas personas salir en estampida en dirección a Sancti Spíritus. Le comento, también, que ha pasado algo que ha sorprendido a todos, como si se hubieran quedado en shock. La calle no me da mal rollo. Más bien me hace sentir una mezcla de pena y compasión.

Mi mujer me mira inmutable y dice: vale, pues te cuento lo que sé de este sitio.



La historia de la abuela



Mi mujer es cacereña de toda la vida y sus raíces están aquí. Por lo mismo me cuenta la historia que le contó su abuela y que se resume de la siguiente forma:

La zona en la que estábamos era una en donde hace mucho tiempo atrás hubo una cárcel y mucho movimiento militar. En este sitio, además, cayó una bomba. Algo que hirió a varias personas.

La abuela de mi mujer perdió a su hijo en ese sitio, que fue herido de forma mortal por las esquirlas de la bomba.




Bombardeo de Cáceres en 1937




Cuando mi mujer me contó la historia no pude evitar sentirme sobrecogido. Me dieron ganas de llorar, porque tuve la impresión de que aquello que había visto había sucedido realmente.

Sin embargo, ambos, con la curiosidad del suceso, buscamos en internet registros sobre aquello que había pasado. Esto, para tener una segunda confirmación a la historia de la abuela. Algo que, de hecho, no fue nada difícil.

Bastó con escribir Bombardeo en Cáceres en Google para poder leer las primeras noticias.

Antiguamente, en la Calle Nidos se encontraba la Audiencia Territorial de Extremadura (Ahora Tribunal de justicia) y se sabía que en las inmediaciones había una prisión a la cual se podía acceder desde el Callejón de San Benito que, además, conecta también con Nidos.

El 23 de julio de 1937 la zona de la calle Nidos fue bombardeada en el contexto de un ataque realizado por los republicanos en contra del régimen de Franco. Considerándose esa zona un lugar con objetivos militares que debían ser derribados. Todo esto, a un año de haber iniciado la Guerra Civil Española.

Sin embargo, las bombas no cayeron únicamente en Nidos, sino también en Santa María y otras zonas de la ciudad como, por ejemplo, el Foro de los Balbos, el Palacio de Mayoralgo y el edificio en donde se encuentra la Sala Capitol (muy cerca también de la calle Nidos). Los registros históricos indican que cayeron 18 bombas.

El bombardeo tenía sentido para los republicanos porque, en ese tiempo, Cáceres se había vuelto un punto estratégico para Franco.

Desde el inicio de conflicto fue cuartel general del militar, que incluso llegó a residir durante 38 días en el Palacio de los Golfines de Arriba, en agosto de 1936.

Cuando el bombardeo se llevó a cabo, Cáceres contaba con un campo de aviación, además de numerosos cuartales. Por lo mismo, no era nada extraño hablar de un casco antiguo con militares y una calle Nidos con la Audiencia Territorial y una cárcel cercana para tramitar todo lo necesario con respecto a la legislación imperante durante el régimen.

Nadie esperaba el bombardeo. No hubo aviso de sirenas ni nada.



Mis conclusiones



Después de la experiencia me pregunté por qué no había visto directamente la bomba caer. Por algún extraño motivo percibí lo que tenía que ver con las personas y su reacción, destacando el miedo y esa sensación de algo imprevisto que les obligaba a salir de sus casas a toda prisa para huir.

No puedo confirmar si la mujer que vi era la abuela de mi mujer, aunque la escena de la mujer con los brazos abiertos como si le hubieran arrebatado algo cuadraría de manera simbólica con la muerte del niño.

Por lo demás, no es primera vez que “veo” militares e incluso trincheras en Cáceres. Algo que en mis tiempos más escépticos no tomaba mucho en cuenta.

Sin embargo, ahora, con la reapertura de estos ejercicios, me he visto llamado a investigar y a descubrir ahora, después de casi 10 años viviendo en Cáceres, todo el trajín militar que aquí ha habido en tiempos pasados. Algo que desconocía por completo, pero de lo que ahora me vuelvo mucho más consciente.

Por otro lado, no tengo una explicación racional para decir por qué vi todo aquello. Quizá me metí en la mente de mi mujer o quizá los sitios físicos quedan con una especie de huella digital invisible y que se forma con las emociones y sensaciones de las personas. Algo que se puede percibir, si intentamos ver un poco más allá de esta realidad tan lógica y racional.

Sea como sea, siempre vuelvo a mi frase mantra: la magia es ciencia que aún no conocemos.

Estos fenómenos y coincidencias quizá algún día sean explicados de una manera coherente. Y aunque parecen extraños, eso no quiere decir que no ocurran.

Es importante, entonces, analizar estos hechos, hablar de ellos y normalizarlos. Esa es la única forma de explorar este terreno misterioso en donde la búsqueda de respuestas alimenta nuestra más profunda curiosidad.


Enlaces a noticias que hablan del bombardeo en Cáceres:


👉El Periódico Extremadura

👉Biblioteca Digital del Patrimonio Iberoamericano

👉Hoy



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