¿Qué es el inconsciente y cómo funciona? Un Viaje Irracional


Al margen de las definiciones académicas para la palabra inconsciente o subconsciente, creo que todos estamos de acuerdo en que el término habla de lo que hacemos y decimos sin darnos cuenta. Como si emergiera de forma automática y sin mediar la reflexión. Algo así como estar en piloto automático.

En este artículo voy a abordar el tema desde mi perspectiva y aplicando la experiencia que me han dado los años en mi consulta de tarot y en donde, además, he podido analizar en profundidad el comportamiento de las personas.


¿Qué es el inconsciente y cómo actúa en el consultante de tarot?


Para mí, en lo personal, el inconsciente es un pozo de conductas irracionales que, dependiendo de los resultados que produzcan, pueden llevarnos a fines negativos o positivos. En la mayoría de los casos, y siendo un poco pesimista, he visto que la mayoría de estas conductas llevan a situaciones complejas y difíciles para el consultante.

Puedo ver el inconsciente actuando cuando, por ejemplo, una chica insiste en buscar a otra persona con la que tiene una relación tóxica, simplemente por el hecho de estar acostumbrada a dicho vínculo. También veo el inconsciente trabajando cuando en una relación en donde es sabido que ciertas conductas y comentarios hacen explotar a la otra parte, una de las partes emite comentarios y realiza estas conductas que llevan al desenlace predecible.


¿Si parece tan fácil cambiar, por qué no lo haces? El inconsciente vive fuera de la perspectiva


Cuando describo todos los escenarios en donde puedo ver al inconsciente actuando, mi pregunta ha sido siempre la misma: ¿si yo lo veo tan claro, si la estupidez y acto irracional parece tan evidente, por qué el consultante no lo ve y se comporta como un primate?

La respuesta a la pregunta, aunque parece obvia, no me llegó hasta mucho tiempo después.

Cuando tú estás fuera de algo, como un observador, es muy sencillo analizar y predecir comportamientos. La cosa funciona de igual forma que mirar un partido de futbol. Desde tu cómodo lugar sabes quién va adelantando, quién se mueve en dirección al arco y quién es el que tiene más probabilidades de meter un gol. Es tu visión panorámica la que te permite analizar en profundidad las jugadas y sus posibles resultados.

Sin embargo, si yo fuera un jugador de fútbol y estuviera en medio de la cancha, no podría ver las cosas desde la misma perspectiva que si estuviera sentado en las gradas del estadio. No tengo la visión panorámica y me debo conformar con una visión mucho más limitada del entorno. Si eso, cuento con pocos metros a mi alrededor y lo que pueda mirar hacia delante, sin que otros jugadores tapen mi campo de visión.

Pues el análisis psicológico conductual funciona de la misma forma. Es mucho más fácil analizar todo cuando estamos alejados de la situación en sí. Es por eso que la labor de un tarotista tiene una dinámica parecida a la de un terapeuta, psicólogo o asesor en cualquier cosa. Su virtud y eficiencia va conectada a su capacidad para estar fuera del tema pero, al mismo tiempo, siendo conscientes de él para observarlo y hacer cálculos a la distancia.

De ahí que el terapeuta, el tarotista o el asesor tenga una visión mucho más amplia del problema, para encontrar aquellos patrones absurdos que produce el inconsciente. De esta forma, una vez que los encuentra, se lo comunica al consultante o al cliente y este decide qué hacer con esa información.


Conozco lo malo y sigo haciendo lo malo: la fuerza del inconsciente


Hasta aquí uno podría pensar que la cosa es tan sencilla como contratar a otra persona para que nos mire, nos analice y descubra nuestras conductas inconscientes y negativas. De esa forma, seriamos conscientes de ellas y las podríamos cambiar para dejar de ser criaturas salvajes e irracionales. Pero la cosa no es tan sencilla.

Por algún motivo, las conductas que provienen del inconsciente tienen una capacidad increíble de adaptarse y camuflarse. Son como pequeños ratones superdotados que han aprendido a esquivar los peligros de depredadores para alimentarse y escurrirse por todos lados con tal de preservar su existencia.

Por lo mismo, incluso si alguien viene y señala todas nuestras conductas irracionales, puede que al otro día o las siguientes semanas, las sigamos repitiendo como un disco que no deja de tocar la misma canción.

Nos daremos cuenta de esto cuando hayamos colapsado y estemos dominados por fuerzas que no entendemos y que parecen poseernos. En ese punto será normal sentir impotencia e incluso enfadarse con uno mismo.

Por lo mismo, cabe preguntarse por qué esas conductas irracionales o inconscientes son tan difíciles de erradicar.


El olvido: caldo de cultivo del inconsciente


Una vez que admitimos que tenemos conductas inconscientes o irracionales, podemos entender por qué nos las vemos desde nuestra propia perspectiva limitada. También podemos comprender por qué existen figuras como el terapeuta, el psicólogo o el tarotista que nos ayudan a mirar las cosas desde una visión más amplia.

Sin embargo, nos queda responder por qué caemos una y otra vez en estas conductas anárquicas, una vez que las conocemos al detalle.

La primera respuesta que se me viene a la cabeza tiene que ver con la esencia misma del comportamiento inconsciente y que es la falta de atención. Por defecto, para que una conducta irracional pueda florecer, tiene que haber un hueco en nuestra mente en donde no esté la conciencia o el razonamiento.

Habitualmente, los huecos estos van acompañados de otro concepto y que es el olvido. Este es el caldo de cultivo de los comportamientos inconscientes.


El gimnasio de la mente y la disolución del acto inconsciente


Si me han dicho de forma detallada cuáles son los comportamientos inconscientes que hacen de mi vida una mierda, pero yo me pongo a hacer otras cosas, entonces olvidaré la nueva información. Si vuelvo a hacer lo que hago siempre, entonces olvidaré lo aprendido.

Esto, que parece algo obvio, es más común de lo que parece y tiene sentido porque las nuevas costumbres son más difíciles de adoptar. Para que algo se haga costumbre se debe repetir una y otra vez. De la misma forma, para que la información de nuestros comportamientos inconscientes sea consciente, la debemos traer a la atención presente y no dejarla en el olvido.

Para mí, el mejor ejemplo de este ejercicio es lo que sucede con nuestros músculos en un gimnasio. Si pretendemos tener músculos con la primera sesión de entrenamiento, estaríamos siendo bastante ingenuos. La única forma de obtener los músculos y la fuerza que queremos es repitiendo una y otra vez los mismos ejercicios, semana tras semana, meses y meses.

La mente y las conductas, como un músculo, se entrenan con la repetición. Por lo mismo, si hemos recibido información sobre nuestros patrones de comportamiento inconscientes y, por lo mismo, los hemos hecho conscientes, la idea es recordar una y otra vez esa información, a cada momento del día, todos los días de nuestra vida, para gestionar las cosas de manera distinta.

Por lo mismo, si un terapeuta, un psicólogo o un tarotista te muestra patrones de comportamiento de los cuales no eras consciente, la idea es que cojas eso y lo integres en tu conducta. No como un adorno, sino para utilizarlo en el gimnasio de tu mente y usar esos datos para modificar tu conducta.



Podemos recordar la frase de Carl Gustav Jung:


Hasta que no te hagas consciente de lo que llevas en tu inconsciente, esto último dirigirá tu vida y tú le llamarás destino.



¿Qué coño le pasa a la gente? El baile de lo inconsciente



Seguramente te habrás preguntado qué coño le pasa a la gente, cuando no entiendes algo de su comportamiento. Si es así, seguramente has dado con la tecla de lo inconsciente.

Una vez que entiendes eso y te auto-examinas o permites que otro lo haga por ti, lo que obtienes es información nueva. Así te puedes dar cuenta de que el enfado que tienes por las conductas estúpidas de los demás en realidad tiene que ver con cosas que tú también haces y que tampoco llevas bien. Cosas que, mira tú por dónde, actúan de forma inconsciente. Como tu cabreo.

Ahora bien, cuando tú eres consciente de tu propio inconsciente y también del inconsciente de los demás, todo se hace más claro y la tensión va desapareciendo. Comprendes, por sobre todo, que los comportamientos irracionales forman parte de la experiencia humana y que, si están ahí, no es únicamente para dar por culo, sino también para que crezcamos y maduremos como personas.


Por sobre todo, para que aprendamos a gestionar nuestros actos con  más precisión y evitar esos bucles típicos de todo acto inconsciente e irracional.




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