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25 de abril de 2018

Cuando te dicen que es tu pareja por destino


Si hay algo que ha traído problemas y confusiones a los consultantes del tarot es la idea del destino. Especialmente en el ámbito amoroso, cuando se les indica que aparecerá alguien para ellos, de forma mágica y sin hacer mucho esfuerzo. Como si estuviera predestinado.


Lamentablemente existe mucha desinformación al respecto. La mayoría de conceptos que se manejan son arbitrarios y en el peor de los casos inventados. Esto ha formado la idea, errónea, de que el tarot muestra cosas definitivas. Pero la cosa no es tan así y necesita matices.

La inverosímil idea del destino


Cómo ya expliqué en otro artículo, la idea del Fatum o destino impuesto por los dioses no tiene ningún sostén racional comprobable. Por lo que meterse en ese tema es casi como hablar de religión. Ahora bien ¿le sirven esas divagaciones al consultante? No, en absoluto. Además, aparte de confundirle, le hacen tener falsas expectativas respecto a la labor de un tarotista. Y ojo, que esto aplica a cualquier mancia, incluidos los videntes.

Lo peor que se puede hacer con un consultante es prometerle que las cosas buenas que hemos visto sucederán si o sí, independiente de lo que este haga. Siempre hay que matizar que algunas cosas, no todas, dependerán en gran parte de su actitud. Es decir, una relación de pareja se podrá consolidar siempre y cuando las personas involucradas sigan ciertas pautas iniciales. 

Cuando un tarotista o vidente analiza la situación amorosa entre dos personas, observa los puntos a favor y en contra. Entonces y de acuerdo a ese balance, evalúa si la relación tiene pocas o muchas posibilidades de funcionar. En caso de que la suma de factores sea buena, se le informa al consultante. Evitando, por supuesto, la lamentable frase "Es una persona que te viene por destino".

Aquí suceden un par de cosas nada recomendables. Por un lado se le hace una falsa promesa al consultante y por otro lado no se le indica la importancia que tendrá su propio actuar en la resolución final del asunto. Para comerse una tortilla primero hay que cocinarla

Que no exista el destino no es justificación para decir lo que sea


Cuando descartamos la idea de destino inexorable e indicamos al consultante que el futuro es algo cambiante puede que nos mire extrañado. Lo primero que se preguntará es para qué mierda sirve una lectura de tarot si al final el resultado puede cambiar. 

Pero aquí también hay que hacer matices. Una tirada de cartas o una sesión de videncia lo que hacen es anticiparse de forma predictiva al resultado. Decir que siempre acierta es falso. Ni un médico experto acierta en todas las operaciones que puede hacer. Lamentablemente y aunque la Bruja Lola lo niegue, siempre hay un margen de error.

Ahora bien, que exista ese margen de error no autoriza al tarotista o vidente a decir cualquier cosa. Al contrario, debe concentrarse y buscar en todas las posibilidades de futuro, la línea argumental que más probabilidad tiene de ocurrir. Obviamente, mientras más refinada sea la intuición y mente del cartomante o vidente, más cerca estará del resultado exacto. 

Un tarotista o vidente debe indicar con claridad que lo que está viendo es el futuro más probable. La posibilidad más factible. Luego, con esa información el consultante podrá confirmar si le han acertado o si se han acercado lo suficiente a los hechos.


Hay cosas que no puedes cambiar, pero no porque estén predestinadas sino porque no sabes cómo cambiarlas


En otro de mis artículos hablé de las cosas que podemos y no podemos cambiar. Expliqué que lo que no se puede modificar no es porque tengas mala suerte o porque esté escrito en tu libro de la vida. Ocurre sencillamente porque no tienes la información necesaria para evitarlo. 

Alguien que se muere de una enfermedad rara no lo hace porque eso esté en su destino sino porque no encuentra una cura. Es la falta de datos, la que nos enfrenta a situaciones que no podemos resolver. Hace décadas atrás era imposible pensar que nos comunicaríamos a través de teléfonos móviles. Todo se hacía a través de cartas. Más de alguien habrá pensado: pues escribir cartas es nuestro destino, no hay más. Pero, en realidad no era destino ni era causa de una fuerza superior. El asunto era más sencillo. No se conocía otra forma de agilizar las comunicaciones.

Incluso los peores panoramas de la vida, en su mayoría de los casos, podrían ser evitados. Pero nuestro problema es la falta de información. Se podrían evitar accidentes si supiéramos los problemas o desperfectos que los producen. Pero aún nos falta mucho para acceder a tamaña cantidad de datos y variables.

Hace años atrás hablar de genética era hablar de destino inexorable. Si nacías de tal forma, con uno u otro problema, se te condenaba. Se te daba hasta una fecha de muerte. Hoy en día la ciencia ha avanzado tanto que ya se pueden modificar partes de nuestro código genético, lo que ayudaría a evitar enfermedades. Incluso antes del nacimiento. Suena poco creíble, pero es una realidad que ya existe y está en desarrollo.

Lee más sobre la modificación genética AQUÍ.

Volviendo al tema del Tarot


Entonces y volviendo sobre el tema del tarot ¿es 100% seguro lo que anunciamos? no, en absoluto. Pero eso no quita que los tarotistas debamos esforzarnos en mejorar nuestra precisión, para señalar la posibilidad más factible. Para acercarnos al cien por cien de aciertos. No basta con acertar un 50% de las veces, ya que eso es lo mismo que jugar al azar. La estadística debe elevarse mucho más, para hablar de calidad de aciertos. De la misma forma, un consultante debe evaluar ese porcentaje para definir, desde su perspectiva, si el tarot es una herramienta predictiva útil.

El trabajo de un tarotista es ver una situación y predecir lo que sucederá. Indicar las variables a favor y en contra, para que el consultante camine por las variables que le permitan cumplir lo que desea. Un tarotista debe, además, colaborar en levantar el velo de ignorancia del consultante que bloqueado por sus propios juicios e inseguridades, no es capaz de ver lo evidente.


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