TAROT, CULTURA Y SENTIDO COMÚN

18 de marzo de 2020

Coronavirus, un bichito que despierta la conciencia

 

CORONAVIRUS Y SU CURIOSA CONDICIÓN BIOLÓGICA


Con todo la alarma que hay en España con el tema del Coronavirus he tenido el tiempo necesario para leer algunas cosas relacionadas con este bichito y el comportamiento de los virus en general.

Lo primero que llama la atención es la condición biológica de los virus. No hay un consenso absoluto que aclare si son seres vivos o no. Sin embargo, para el Comité Internacional de Taxonomía de Virus no se pueden considerar seres vivientes.

Si eso, podríamos decir que son pedazos de código genético relativamente organizados que poseen mecanismos parecidos al de una célula humana pero que carecen de un sistema de reproducción propia. Algo clave para obtener la etiqueta de ser vivo.


Entonces, el virus es un agente infeccioso que necesita de las estructuras biológicas de otros seres vivos para multiplicarse, actuando como un parásito que perdura a través de un huésped.

UN VIRUS ZOMBIE, LA CONECTIVIDAD Y LA UNIÓN


Si observamos con atención los virus, especialmente aquellos que podrían afectarnos gravemente, podríamos relacionarlos metafóricamente con los zombies de las películas. Se mueven, aunque no parecen seres vivos y pueden atacarnos para reproducirse o multiplicar su condición.

Esta visión, insisto, es puramente metafórica. Pero podemos usar ese escenario de ficción, para comparararlo con lo que sucede actualmente, en donde un agente infeccioso que no se considera un ser vivo, está infectando a seres vivos. En este caso, los humanos.

De momento, el coronavirus no parece que vaya a acabar con la raza humana. Pero no por esas apreciaciones iniciales podemos pensar que no reviste peligro. Especialmente para los grupos de riesgo.

Según han indicado los expertos, el coronavirus es una nueva cepa de uno o varios virus que ya estaban dando vuelta en el mundo y que han sido debidamente estudiados. Sin embargo, por ser una nueva mutación/versión, los humanos no tenemos inmunidad (anticuerpos) pare este bichito. Por lo mismo, tampoco sabemos cómo se comportará de ahora en adelante.

Puede transformarse en un virus más en la lista de virus que producen el resfrío común o mutar a otra condición, más o menos peligrosa para el ser humano. Escenario y dudas que ya se han experimentado en otros tiempos, con el virus de la Gripe Asiática de 1957, la Gripe de Hong Kong de 1968, la Gripe Aviar o el SARS. Todas situaciones que se encuentran relativamente controladas al día de hoy y que no significaron la extinción del ser humano.

Sea como sea, ese sentimiento de estar a la expectativa, atentos a la evolución del coronavirus es algo que hoy experimentamos de forma más intensa que en otras pandemias. Y eso ocurre porque estamos en un escenario completamente distinto al que se experimentó con la Gripe Asiática de 1957, en donde no había internet ni nada que nos mantuviera tan conectados como ahora.

Hoy se suman varios factores, como internet, la velocidad de la información y la existencia de una amenaza, para activar de manera mucho más intensa el sentimiento grupal.

CORONAVIRUS, MAS ALLÁ DE LO MÍSTICO


En internet hay un montón de opiniones sobre el coronavirus. Algunos lo ven de manera religiosa-mística, otros como si fuera una conspiración, otros lo ven de manera catastrófica y otros, en los que me cuento, de manera objetiva y racional. 

En lo personal, no puedo dejar de pensar que que estamos experimentando un momento único y valioso para todos. Porque todo esto nos está llevando a pensar de forma mucho más coordinada. Con una intensidad y compromiso mucho mayor que en otras épocas.

El bichito nos obliga a abandonar nuestras diferencias y mediocres luchas de poder, en favor de un ideal más elevado y que es la vida.

HORA DE SER ÉPICOS, PERO EN LA VIDA REAL


Las muertes que han habido producto del Coronavirus son siempre lamentables. Y aunque parezcamos jóvenes y fuertes, tenemos una responsabilidad no solo con los grupos de riesgo sino también para evitar que el virus mute hacia algo más grave, gracias al aumento de la carga viral en el ser humano.

Visto así. Puedo entender la desesperación de algunos sanitaros, que lloran y putean a medio mundo para que mejoren las condiciones sanitarias o para que la gente respete las normas de confinamiento. He llegado a entender el instinto desesperado de los paranoicos que se llevan todo el papel higiénico de los supermecados o el caos social que se produce en algunas partes, frente a algo que no se conoce bien.

Pero incluso en este escenario caótico, en donde algunos van dando tumbos como pollos sin cabeza, veo desde mi confinamiento solidario lo positivo de esta situación. 


Es la primera vez en mi vida que oigo un llamado a colaborar de manera global y colectiva, sin importar la ideología política, el color de la piel, las fronteras, el género o la cantidad de dinero que tengamos en los bolsillos. Es primera vez que tomamos conciencia de que la amenaza nos afecta a todos por igual, sin importar el barrio o ciudad en donde vivimos.


Tenemos un llamado a luchar contra estos zombies microscópicos. De forma épica, como en las películas y series. Al estilo de The Walking Dead o Juego de Tronos, con esa lucha épica contra El Ejercito del Rey de la Noche que, mira tú por donde, eran también un ejército de zombies.

Sin embargo, hoy hay una gran diferencia. No estamos en una película o en una serie.  Estamos en la vida real. En un escenario en donde el coronavirus se ha convertido en el bichito que ha despertado la conciencia colectiva. Un virus que nos viene a tocar las células, para que espabilemos y pensemos de manera grupal.






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