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14 de mayo de 2020

Polytechnique, misoginia en Canadá



El 6 de diciembre de 1989, un hombre entró en la Escuela Politécnica de Montreal y mató a 14 mujeres, dejando, además, a otras heridas. Y si bien, en su momento el tiroteo fue considerado una masacre llevada a cabo por alguien que había perdido la cabeza, con el tiempo el asunto tomó otro sentido y la propia sociedad canadiense se dio cuenta de que esto era un atentado empujado por la misoginia del asesino.

Las bases que llevaron a esta conclusión eran bastante evidentes. Marc Lepiné, el autor de la masacre, había dejado una nota de suicidio en donde culpaba a las feministas de sus problemas personales. También se constató que durante el tiroteo se enfocó exclusivamente en matar a mujeres.

Tanto la noticia de la carta de suicidio como el historial social de Lepiné transcendieron y confirmaron una verdad que, desde un principio, varios ya tenían clara y sin necesidad de anuncios oficiales.

A partir de este atentado terrorista, las leyes sobre tenencia de armas en Canadá fueron modificadas y se volvieron mucho más estrictas. También se estableció el día 6 de diciembre como el Día Nacional del recuerdo y acción contra la violencia de la mujer.

POLYTECHNIQUE, LA PELÍCULA


Denis Villeneuve es un director que antes de ser reconocido por películas como Blade Runner 2049, La Llegada y Sicario, ya tenía un puñado de películas interesantes y que, seguramente, le abrieron la puerta a los grandes estudios cinematográficos. Ante de esto, tenemos la críptica Enemy, la impactante Prisioners y las que son un verdadero lujo, Incendies y Polytechnique de 2009.

Muchos han querido comparar Polytechnique de Villeneuve con Elefant de Gus Van Sant. Precisamente por ser dos película que retratan actos terroristas ocurridos en centros educativos. Pero yo he visto ambas y lo cierto es que la de Villeneuve, más sobria incluso en los colores, se introduce de manera poética y muy sensible en el dolor de las víctimas. Elefant, en cambio, igualmente elegante pero más colorida, parece el escaparate neutro que expone muchos puntos de vista, sin decantarse por ninguno.

En Polytechnique, Denis Villeneuve se moja un poco más y se decanta más hacia las víctimas. Hacia las huellas profundas que quedan por dentro de las mujeres. Le interesa exponer ese dolor, pero de manera discreta. Sin muchos diálogos, sino con tomas imposibles, primeros planos y miradas que dicen mucho más que un montón de palabras.

EL MACHISMO SOTERRADO


La película es bella y triste a la vez. Describe muy bien una época en donde las expresiones machistas eran microexpresiones violentas que sucedían en los propios salones de clase y que, en algunos casos, provenían de los propios profesores, poco conscientes de su forma de expresión machista. Basta mirar la escena en donde uno de ellos cuestiona de manera inocente el hecho de que una chica quiera estudiar ingeniería mecánica, como si eso estuviera reservado solo a los hombres.

Luego viene la matanza. El acto terrorista en sí, con un Marc Lepiné que el director de la película no se preocupa mucho por justificar. I ni falta que le hace. Sólo lo justo y preciso, en un diálogo inicial, en donde queda claro que tiene un serio problema con las feministas.

Pero hay una escena que, para mí, resume la esencia de la película. Aunque no sé si habrá sido algo buscado por Villeneuve.

Una sobreviviente se levanta de entre las mujeres muertas y camina por los pasillos, buscando la salida. Camina un poco y se da cuenta de que el terrorista aún no se ha ido. Entonces, asustada, vuelva a donde estaba y se queda en el mismo sitio, simulando su muerte por miedo a que el verdugo vuelva. De repente, uno de los alumnos entra a la sala en donde está la chica herida y pregunta si alguien necesita ayuda. Pero la chica no responde, pensando que es el terrorista, y el alumno, nervioso y en shock, no se entera que ella aún sigue viva y se va.

Esa escena, tan metafórica para mí, representa esa falta de comunicación que hay, a veces, entre hombres y mujeres. En donde ellas, asustadas o sumergidas en un mecanismo de protección, prefieren guardar silencio y no comunicarse con los hombres, mientras ellos, conmocionados por la adrenalina, no comprenden cual es la mejor forma de colaborar.

El drama y la violencia, entonces, parecen cortar las oportunidades de conexión. Las balas y la sangre, reales o metafóricas, producen una especie de sordera social que impide el contacto sanador entre hombres y mujeres.

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